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Coronavirus

Carrera para producir el único tratamiento con anticuerpos efectivo contra la variante ómicron

Dos de los tres medicamentos disponibles tienen poco efecto contra la nueva versión del virus.

Los hospitales, las farmacéuticas y los funcionarios del gobierno de Joe Biden se esfuerzan para abordar una de las más grandes amenazas de la variante ómicron:

dos de los tres tratamientos con anticuerpos monoclonales que los médicos han usado para evitar que los pacientes con COVID-19 sufran una forma grave de la enfermedad no parecen funcionar con la versión más reciente del coronavirus.

El único tratamiento de ese tipo que todavía podría funcionar contra la ómicron es ahora tan escaso que muchos médicos y hospitales ya agotaron sus suministros.

Regeneron ha demostrado tener menos eficacia que contra variantes anteriores del virus.. REUTERS/Brendan McDermid/Regeneron ha demostrado tener menos eficacia que contra variantes anteriores del virus.. REUTERS/Brendan McDermid/

Los anticuerpos monoclonales se han vuelto fundamentales en el tratamiento contra la COVID, ya que han demostrado ser muy efectivos para evitar que pacientes de alto riesgo sean hospitalizados.

Sin embargo, a medida que las infecciones aumentan y la ómicron se convierte en la forma dominante de los nuevos casos en Estados Unidos, algunos hospitales han comenzado a reducir los tratamientos, debido al temor de que de repente se han vuelto inútiles.

En Nueva York, los administradores hospitalarios del Hospital Presbiteriano, el Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York y la red de hospitales Mount Sinaí dijeron en días pasados que dejarían de darles a los pacientes los dos tratamientos con anticuerpos de mayor uso, fabricados por Eli Lilly y Regeneron, según memorandos obtenidos por The New York Times y funcionarios de los sistemas de salud.

“Este es un cambio dramático tan solo en la última semana”, mencionó Daniel Griffin, un médico especialista en enfermedades infecciosas en la Universidad Columbia en Nueva York.

“Y pienso que tiene sentido”.

La semana pasada, la variante ómicron representó un estimado del 73 por ciento de los nuevos casos en Estados Unidos, según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC, por su sigla en inglés) de Estados Unidos.

Ese es un aumento en comparación con tan solo el 12 por ciento de la semana previa.

Algunos investigadores piensan que el porcentaje aún no es tan alto, aunque también descubrieron que las infecciones con ómicron se duplican cada dos o tres días.

Al final de esta semana, funcionarios de salud federales planean evaluar si pondrán en pausa los cargamentos de los productos de Eli Lilly y Regeneron a cada estado, con base en qué tan dominante la ómicron se vuelve en diferentes regiones del país, según un funcionario sénior del gobierno que habló bajo la condición de mantener su anonimato.

El único tratamiento con anticuerpos monoclonales que ha tenido buen desempeño contra la variante ómicron en experimentos de laboratorio también es el que tiene menos tiempo de haber conseguido la autorización para su uso: sotrovimab, elaborado por GlaxoSmithKline (GSK) y Vir Biotechnology y aprobado en mayo.

Como ya tenía alta demanda incluso antes de que la ómicron surgiera, el suministro de sotrovimab está muy limitado en este momento.

Sin embargo, es probable que la situación mejore en algún punto de las próximas semanas.

El gobierno de Biden está en conversaciones con GlaxoSmithKline para asegurar que más dosis sean entregadadas en los primeros meses del próximo año, afirmó el funcionario.

Esta semana también se espera que los reguladores autoricen las píldoras antivirales de Pfizer y Merck, los dos primeros productos en una nueva clase de tratamientos contra la COVID, según dos funcionarios séniors.

Ambas píldoras pueden evitar la enfermedad grave en pacientes de alto riesgo, los mismos que hasta ahora habrían recibido tratamientos con anticuerpos.

El tratamiento de Pfizer, conocido como Paxlovid, es en particular prometedor, ya que se ha visto que es muy efectivo (y es probable que funcione contra la ómicron).

Los suministros de estos antivirales serán limitados al principio, pero incluso cantidades modestas pueden ayudar a disminuir la preocupación de los médicos que dependían, hasta ahora, de anticuerpos monoclonales para tratar a los pacientes con COVID.

Aun así, Bob Wachter, presidente del Departamento de Medicina de la Universidad de California, campus San Francisco, advirtió que la disponibilidad limitada de los tratamientos con anticuerpos podría sorprender a pacientes que asumieron que sería un tratamiento poderoso y confiable.

“Si elegiste estar menos protegido de lo que pudiste haberlo estado, ya sea por tu decisión sobre las vacunas o los cubrebocas, es una determinación más riesgosa de lo que hubiera sido hace un par de semanas”, indicó Wachter.

Casi 68.000 dosis de anticuerpos monoclonales se administraron en todo Estados Unidos la semana pasada, según el Departamento de Salud y Servicios Humanos.

La mayoría de los pacientes recibieron el tratamiento de Regeneron, seguido por el de Eli Lilly.

Cuando las variantes de coronavirus comenzaron a surgir hace un año, los investigadores descubrieron que algunas se habían hecho resistentes a los anticuerpos monoclonales.

Una mutación a las proteínas de su superficie evitó que los anticuerpos se adherieran a los virus, un paso necesario para neutralizarlos.

Durante varios meses, el gobierno suspendió la distribución del tratamiento de anticuerpos de Eli Lilly en todo el país, porque probó ser poco efectivo contra variantes tales como gamma, la cual surgió en Brasil y se propagó a muchos países la primavera pasada.

Por fortuna, los médicos todavía podían administrar el tratamiento de Regeneron, que siguió siendo efectivo contra las variantes y del cual había un suministro abundante.

Otras variantes desaparecieron en gran medida de Estados Unidos conforme la delta asumió el dominio durante el verano.

La delta probó ser susceptible a todos los tratamientos con anticuerpos autorizados.

El gobierno de Biden dio luz verde de nuevo al tratamiento de Eli Lilly y solicitó cientos de miles de dosis.

No obstante, la ómicron lo cambió todo.

El mes pasado, cuando la nueva variante fue identificada en el sur de África, los investigadores comenzaron estudios de laboratorio en los que hicieron experimentos con anticuerpos monoclonales para ver qué tan bien funcionaban contra ella.

Los científicos descubrieron que los anticuerpos tanto de Regeneron como de Lilly tenían un desempeño pobre al bloquear la variante del virus para que no invadiera las células.

Sotrovimab, en contraste, mantuvo su potencia.

George Scangos, el director ejecutivo de Vir, atribuyó la resilencia de sotrovimab a la estrategia que los investigadores usaron para descubrirla.

En lugar de buscar en la sangre de los sobrevivientes de COVID, los investigadores examinaron la sangre de las personas que habían sobrevivido la epidemia de SRAG (SARS por su sigla en inglés) en 2003, causada por un coronavirus relacionado.

Identificaron un anticuerpo proveniente de un sobreviviente de SRAG que también protegía contra el coronavirus que causa la COVID.

Esa acción doble indicó que los anticuerpos sotrovimab se adherían ellos mismos a una parte del virus que cambiaba muy poco en el transcurso de su evolución.

Y sería poco probable que cambiara en las nuevas variantes, razonaron los investigadores.

“Pienso que llegamos a ese punto no por buena suerte, sino a través de un proceso cuidadoso”, comentó Scangos.

El gobierno federal ordenó alrededor de 450.000 dosis de sotrovimab, a un costo de alrededor de 2100 dólares por persona.

Los cargamentos comenzaron a llegar en el otoño.

Sin embargo, conforme surgió la ómicron, los funcionarios detuvieron los envíos del todavía efectivo sotrovimab de GSK-Vir a los Estados, como parte de un esfuerzo por preservar el suministro a medida que los científicos determinaban qué tan grande era la amenaza que la nueva variante podía representar.

Cuando se volvió evidente que la ómicron estaba ganando terreno, el gobierno asignó 55.000 dosis de sotrovimab a los Estados, con envíos que llegarán desde esta semana.

Se espera que GSK entregue en enero 300.000 dosis más a Estados Unidos.

“Lo más importante es el suministro que podamos tener en enero, febrero y marzo y estamos haciendo todo lo posible para aumentarlo”, expresó Scangos.

Kathleen Quinn, una vocera de GSK, aseguró que las compañías están “trabajando activamente para expandir” su capacidad, al agregar otra instalación de fabricación y acelerar los planes de producción.

La estrategia de expansión podría no llegar con suficiente rapidez en lugares como la parte superior del Medio Oeste, que ya enfrenta carencias de anticuerpos monoclonales en medio de un aumento rápido de casos de COVID.

Bruce Muma, médico y presidente del Sistema de Salud Henry Ford en Míchigan, dijo que el sistema de salud y los funcionarios estatales se están preparando para un recorte de los anticuerpos monoclonales de Regeneron y Eli Lilly y anticipan solo un suministro escaso de sotrovimab.

Muma afirmó que la demanda del tratamiento ya supera la oferta.

Anticipa que el personal de primera línea enfrentará la ira de los pacientes.

“Tendrán que lidiar con una población atemorizada de pacientes que no podrán conseguir lo que ellos sienten que deberían recibir”, concluyó.

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