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Internacional

Eso sí que fue rápido: los choques con China y Rusia en los primeros 60 días de Joe Biden

La amarga competencia entre superpotencias tiene que ver con la tecnología, el ciberconflicto y las operaciones de influencia.

WASHINGTON – A sesenta días del inicio de su gobierno, el presidente Joe Biden tuvo una muestra de lo que pueden ser los próximos cuatro años: una nueva era de amarga competencia entre superpotencias, marcada por la que quizás sea la peor relación que Washington ha tenido con Rusia desde la caída del Muro de Berlín y con China desde que abrió relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

Esto se ha estado gestando durante años, mientras el residente de Rusia, Vladimir V. Putin, y el de China, Xi Jinping, daban giros bruscos hacia el autoritarismo. Pero estalló abiertamente luego de que Biden estuvo de acuerdo con la idea de que Putin era un “asesino”, y los chinos, reunidos recientemente con EE.UU. por primera vez desde que asumió el cargo la nueva administración, sermonearon a los estadounidenses sobre el error de su visión arrogante de que el mundo quiere replicar sus libertades.

Mucho de esto fue para impresionar, por parte de ambos lados, frente a las cámaras. Pero no fue del todo una actuación.

El presidente Vladimir V. Putin se quejó de que la Rusia actual es una sombra de lo que era en la época soviética. Foto: Alexei Druzhinin/Sputnik, vía Associated Press.

El presidente Vladimir V. Putin se quejó de que la Rusia actual es una sombra de lo que era en la época soviética. Foto: Alexei Druzhinin/Sputnik, vía Associated Press.

Si bien la Guerra Fría no se ha reanudado —hay poco de la amenaza nuclear de esa era y la competencia actual es por tecnología, ciberconflicto y operaciones de influencia— las escenas que se despliegan ahora tienen ecos de los viejos y malos tiempos.

La reunión en Alaska entre estadounidenses y chinos recordó cuando el primer ministro soviético, Nikita S. Khrushchev, acaparó los titulares hace 60 años al golpear su zapato sobre un escritorio de la ONU y gritar sobre el imperialismo estadounidense.

Pero las rivalidades de las superpotencias de hoy tienen poca semejanza con el pasado. El mismo Putin ha lamentado que la Rusia de principios del siglo XXI sea una sombra de la Unión Soviética que lo entrenó para ser agente de la KGB. Su mayor poder ahora es infundir miedo, utilizando gases nerviosos para silenciar a disidentes en todo el mundo, o desplegando su capacidad cibernética para penetrar en las redes que mantienen en marcha a EE.UU..

Putin ha demostrado ser muy resiliente frente a las crecientes sanciones internacionales impuestas desde que tomó el control de Crimea en 2014, y que se aceleraron luego de que recurrió a gases nerviosos y ciberataques. Es difícil argumentar que éstas han frenado su comportamiento.

Las sanciones “no van a hacer mucho bien”, dijo Robert M. Gates, ex director de la CIA y ex secretario de Defensa. Añadió que Rusia sería “un reto” mientras Putin esté al mando.

En el caso de los chinos, que lidiaban con los fracasos del Gran Salto Adelante cuando Khrushchev golpeaba con zapatos, la historia es muy diferente. Su poder surge de su creciente fortaleza económica.

Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional de Biden, quien estuvo con el Secretario de Estado Antony J. Blinken durante la reunión con China en Alaska, advirtió en escritos en años recientes que podría ser un error suponer que China planea imponerse enfrentando directamente al Ejército de EE.UU. en el Pacífico. “Las premisas centrales de este enfoque alternativo serían que el poder económico y tecnológico es fundamentalmente más importante”, escribió.

Un objetivo de la reunión de Alaska era convencer a los chinos de que la administración Biden estaba decidida a competir con Beijing en áreas como fabricación de semiconductores e inteligencia artificial.

Los chinos también tienen un nuevo aliado: los rusos, igualmente ansiosos por disminuir la influencia de EE.UU.. Las dos naciones comparten una afinidad por las violaciones cibernéticas en las redes que son el alma del gobierno y la industria privada de EE.UU..

Dos grandes violaciones en los últimos meses, una que se cree que fue operada por los rusos y la otra por los chinos, son ejemplos de cómo los dos países se han vuelto mucho más sofisticados en el uso de sus habilidades digitales con fines políticos.

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